Santiago Carbó.

Ya saben que soy osado hasta la irresponsabilidad y la última vez que lo demostré fue con Santiago Carbó, en un encuentro en el Instituto Internacional San Telmo. Andaba hablando de los cambios en el sector bancario español y afirmaba que los bancos tendrían que preocuparse mas en satisfacer al cliente y adaptarse a las cambiantes necesidades y nuevas actitudes. O algo así, es lo que se suele decir cuando se habla de los bancos.

Así que pedí el micrófono y dije algo como “lo lamento, pero si era en la época de la feroz competencia en la época de la irresponsable expansión de las cajas no se preocuparon lo mas mínimo de preocuparse de los clientes y les cargaron de productos tóxicos, no sé por qué deberían preocuparse ahora, cuando a las tres mayores entidades les entran los clientes en oleadas buscando la seguridad, el principal factor que condiciona en estos momentos la elección del banco, no sé por qué se van a preocupar mas que de seguir abusando, sutílmente, de los clientes, como han hecho siempre.”

Esto no fue suficiente y, ya que estaba lanzado, se me ocurrió seguir “y para solucionar la actual sequía de crédito, creo que se podría aprovechar Bankia para crear una especie de banca pública que, bajo criterios estrictamente profesionales pero también el retorno social de las operaciones, supliera la falta de oferta de crédito de las entidades privadas. Si se le han inyectado €24,000MM, que se le inyecten otros €24,000MM con la condición de que se dediquen a ofrecer créditos a proyectos empresariales solventes, después de un análisis adecuado del riesgo.”

Creo que tuvo el primer amago de infarto de su carrera y la respuesta fue educada y cortés pero sin poder disimular que si le hubiera mentado a todas las mujeres de su árbol genealógico no se hubiera sentido tan ofendido.