¡Y son tan escasas!

Contaban que un prisionero se quejaba amargamente de la calidad de la comida que les daban en el centro donde estaban recluidos: “Si es que la comida es una bazofia, no se puede comer.”

El compañero que le oía respondió: “Estoy de acuerdo. Y, además, las raciones son tan escasas.”

Pues algo así veo en el artículo del número 962 de Inversión y finanzas acerca de los Planes Ahorro 5.

Se pide a distintos expertos su opinión sobre este nuevo producto y se dice que “Según en qué vehículo se invierta, el ahorrador corre el riesgo de perder hasta el 15 por ciento de la inversión para un resultado económico final muy poco significativo» e, inmediatamente después, “Otra de sus debilidades es su imposición máxima de 5.000 euros al año, «que se queda corta».”

Ya ven, un producto cuya rentabilidad potencial no justifica el riesgo que se asume pero en el que, lamentablemente, solo se pueden invertir €5,000. Y es que las raciones son tan escasas…

Que el Ministerio de Hacienda distorsione el mercado de productos financieros discriminando injustificadamente a uno mediante supuestas “ventajas” que en un análisis global resulta que se contrarrestan por las desventajas para el cliente del diseño del producto no es una novedad pero habrá que seguir mencionándolo. No se explica más que por la presión del lobby financiero la deducción fiscal de los planes de pensiones.

El nuevo producto se va a vender muy bien porque para el inversor medio español, míster renovador a vencimiento, es muy receptivo a los argumentos de vendedores de crecepelo alas palabras “no paga impuestos sobre el rendimiento”, que le suenan a música celestial.

Que pagar impuestos sobre un 3% siempre va a ser mejor que no pagarlos sobre un 1%, pongamos como ejemplo, no sale en la conversación, fíjense qué causalidad . Que el 1,6% (descontados impuestos) de ambas rentabilidades se va a quedar en el bolsillo del intermediario tampoco.

Es un producto mal diseñado, por la rigidez de sus características principalmente, muy poco interesante para el ahorrador, salvo casos muy específicos, y en el que, como es habitual, que no normal, siempre gana la banca.