El inversor miedoso.

Es el común de los inversores, los que no se dejan acompañar y caen en todos los errores que se pueden cometer. De los que los profesionales obtienen sus beneficios, como decía Benito Pérez-Galdós: “El dinero lo hacen los que, con paciencia y fina observación, van detrás de los que lo pierden.”

La estrategia que nos asegura perder nuestro dinero cae en los siguientes comportamientos:

Indiferencia: Suele expresarse a través de la falta de ambición, de una predisposición a aceptar la pobreza. Síntomas de esto son pereza mental y física, falta de iniciativa, falta de entusiasmo, de imaginación.

Indecisión: Hábito de dejar que los demás piensen por uno, de mantenerse al margen.

Duda: Expresada generalmente por medio de justificaciones y excusas diseñadas para encubrirse.

Precaución excesiva: La costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, de pensar y hablar de posible fracaso en lugar de concentrarse en los medios para alcanzar el éxito.

Una lista de fases por las que pasa el inversor miedoso sería:

1.- Aperfilismo, en la que cambia constantemente de perfil de riesgo corriendo tras el mercado. Siempre acaba mal.

2.- No quiero hacer nada, fase estática de esperar y ver.

3.- Fuga de capitales. Vamos a volver al colchón.

4.- Hambre de efectivo.

Nos lo contaba Rafael Casellas Aparicio en el número 862 de la revista Inversión y Finanzas, de agosto de 2,012.