Un buen negocio puede no ser una buena inversión.

Hay muchas razones por las que esto es así, y si encima no es ni siquiera un buen negocio…..

Creo que este concepto merece una serie de artículos, pero vamos a comenzar por las OPV, Ofertas Públicas de Venta, aprovechando que el Economista nos cuenta que doce salidas a bolsa han terminado en escándalo.

Estoy convencido de que muy pocas OPVs son interesantes para el inversor de a pié. Son grandes negocios para los propietarios de las empresas y para los colocadores e intermediarios en la operación.

Pablo Fernández contaba una anécdota en la tercera edición de su libro “Valoración de empresas“, página 280 de la edición que yo manejo. Un potencial inversor en dos proyectos distintos de portales de internet “no se cualificaba con mínimo rigor el mercado potencial ni se establecía hipótesis alguna sobre la cuota esperada. (…) No había una sola consideración hacia potenciales competidores. (…) Un exconsultor afirmaba que los métodos tradicionales de valoración de empresas no eran aplicables a este sector y que cuantas más pérdidas, más posibilidades de revalorización tendría la sociedad. 

Creo que los demás inversores potenciales veían las mismas debilidades, pero sus expectativas no se centraban en la evolución del propio negocio sino en las plusvalías que obtendrían en un plazo inferior a doce meses realizando una OPV. (…) Está claro que la codicia callaba las voces del sentido común y el beneficio se palpaba cuantioso, rápido y seguro a costa de pasar los futuros riesgos a los inversores secundarios que siempre están deseosos de colocar sus ahorros en oportunidades únicas, siguiendo recomendaciones de “sus asesores“.

Una cita un poco más frívola, pero relevante, la saco del libro “Bienvenido Mister Alien“, de Greg Costikyan.

Uno de los diálogos se da entre el emprendedor y un consultor es esclarecedor:

“Estoy muy contento porque la start-up ya va a comenzar a dar beneficios, muy escasos, pero beneficios.”

“No lo hagas, es una locura. ¿No ves que si das beneficios se pueden aplicar los métodos de valoración tradicionales? Sería tu ruina.”

(Cito de memoria, tengo que releer el libro, pero es bastante aproximado.)

No voy a citar de nuevo la película “El lobo de Wall Street”, pero una de sus estafas más lucrativas era precisamente la que implicaba inflar el precio de OPVs para vender las acciones que poseían a través de testaferros.