Ojiplático me he quedado.

Por las razones que sean, esta mañana me he encontrado llamando a una agencia inmobiliaria de Tarifa para pedirle que realojaran a dos chicas ya que el apartamento que les habían dado estaba sucio, con la lencería mojada y sucia, olía todo mal…

Tras excusas de uno y otro tipo, la interlocutora me dice: “a ver, ¿en el anuncio de Internet decía que el apartamento no olía mal? Pues si no lo ponía, ahora no se pueden quejar si huele mal.”

De lo más grande que he oído nunca, y las he oído fantásticas.