Es que es trampa.

Alan Greespan se lamentaba tristemente de estar asombrado por el hecho de que el mercado no se hubiera comportado acorde con sus expectativas producto de toda una vida de analizarlo.

Asumió que el interés propio de las organizaciones, especialmente de los bancos y similares, tenía el poder de hacerles capaces de proteger a sus accionistas.

Claro, la realidad se empeña en no comportarse acorde con nuestras predicciones y así no se puede, es trampa.

La gente se empeña en no comportarse racionalmente, no respetando, hay que tener poca vergüenza, la teoría de las expectativas racionales que sustenta (casi) toda la ciencia económica de los años setenta y ochenta y no vale, es que no vale y nos llevamos el scattergories.

La economía conductual empieza a despuntar, los sesgos cognitivos y emocionales toman el mando del comportamiento racional sin importar los esfuerzos que hagamos por controlarlo.

Si hablamos de la capacidad que nos asignamos para controlar racionalmente el comportamiento ya ni hablamos.