“Inversiones” alternativas.

 

2.15 Inversiones alternativas

En una palabra: PELIGRO. Comprar sellos no es invertir. Adquirir vinos antiguos puede ser una afición, pero no puede ser nunca parte de una planificación financiera adecuada. El arte es un placer, pero no es una inversión “segura”.

No hablemos de proyectos de “inversión” en arte precolombino, en maderas nobles, en terrenos en países en desarrollo, en ventas multinivel[1], en tebeos o en libros antiguos. Es especulación, afición o simple ignorancia pero no es parte de una gestión financiera responsable.

¿Por qué? Las razones son muchas, pero se puede hacer otra analogía con la medicina: ¿Cómo se llama la medicina alternativa que funciona? Medicina. ¿Cual es la inversión alternativa que funciona como inversión? Inversión (financiera). Todo lo demás son monsergas y montajes para obtener el dinero de incautos.

Razones adicionales

1)               La formación de precios depende de multitud de factores y las teorías son diversas, pero para los propósitos de este artículo la clave es clara: lo que determina el alto precio del primer número de la colección de Supermán, del primer sello emitido en el mundo, de una edición original firmada por Freud o de un cuadro de Picasso es la escasez de los mismos. Hay los que hay y el mundo se expande.

 

Pero había los que había en su momento y hay los que han llegado a los nuestros en un momento en el que no se concedía importancia a tales bienes, lo que ha determinado que los disponibles a día de hoy sean escasos y muy valiosos.

 

Lo que no funciona es acaparar productos que en estos momentos se cuentan por cientos o por miles con la esperanza de que incrementen su valor al amparo de una supuesta escasez futura.

 

Si miles de “ahorradores” compran miles de sellos en la esperanza de que aumenten su valor exponencialmente con el argumento de que “el primer sello del mundo vale ahora mismo millones e incluso el poseedor de los dos últimos ejemplares quemó uno de ellos para asegurarse de que sólo había uno, según la leyendatenemosla clave de la falacia que contiene la argumentación: el valor de estos sellos precisamente radica en la falta de valor que se les dio en su momento más allá de su uso, de modo que los que han llegado a nuestros días son pocos y en condiciones mejorables.

 

Si queremos encontrar un bien que actualmente no se almacena y que puede llegar a tener valor en el futuro busquemos algo que se destruya o no se guarde y que se presente en diferentes formatos que permita una variedad en la colección. Como por ejemplo las tarjetas de crédito. Si hay algo que puede valer algo en el futuro serán las tarjetas de crédito canceladas que sobrevivan a las tijeras. Pero sólo hasta el momento en el cual no se puedan usar fraudulentamente y haya masas de “inversores” guardando tarjetas, se emitan series de tarjetas incluso sin uso como tales para coleccionistas (lo que hará que las que sí lo tienen valgan más como instrumentos de pago genuinos), se cree un mercado de tarjetas de crédito en el que se atiendan solicitudes de ejemplares raros y se publiquen listas completas con precios de catálogo de todos los que existen en el mercado. Ahí lo dejo.

 

Si surge una nueva fiebre de coleccionistas como fue la de los tebeos o comics americanos Marvel e Image en los 90[2] bajo el espejismo de los espectaculares precios que alcanzan los números clásicos, como el número 1 de Supermán o el primer número de Detective Comics donde aparece Batman, el error vuelve a estar en el planteamiento y en el comportamiento gregario de las sociedades. Muchas gente se lanzó a comprar comics como nunca lo habían hecho, una editorial se fundó con el casi exclusivo fin de lanzar repetidos números 1 de colecciones (comenzándolas de nuevo en muchos casos con vueltas a los orígenes cada año) que se compraban por cientos de miles, incluso superando los millones en los casos más delirantes. ¿Alguien puede pensar que algo que se ha vendido por millones va a llegar a valer algo antes de que el papel en que está impreso se degrade irreversiblemente? Hubo miles de personas que acudían a las tiendas y compraban un ejemplar de cada colección sin siquiera saber qué era lo que adquirían pero con la esperanza de que la revalorización que iban a experimentar les permitieran venderlos por cientos o miles de dólares en un futuro.

 

La “inversión” en arte se basa en la búsqueda de artistas infravalorados para adquirir obras actuales y esperar a que el tiempo los ponga en su lugar y aumente el valor de lo adquirido. El problema es tratar de anticipar el rumbo del mercado en el futuro y apostar por las tendencias, estilos y artistas concretos que van a revalorizarse. Si somos capaces de hacerlo seguramente nadaremos en la abundancia. Si no lo somos, que es lo más normal, tendremos una heterodoxa colección de obras interesantes y apreciables junto a producciones que harán que nos duelan los ojos cuando pasemos frente a ellas y el valor promedio será eso, promedio. Aquí siempre nos dicen que “la obra del siglo XVIII francés ha aumentado muchísimo su consideración por los expertos y el valor se ha disparado”. El problema con todas las tendencias es que o las coges cuando nacen o tratar de subirse al cohete que ya ha despegado es difícil y caro. Si nos apuntamos al XVIII francés el valor ya lo habrá exprimido el anterior propietario y lo que quedara, el marchante. Si tratamos de adivinar si el XIV italiano será el próximo XVII francés sólo puedo decir dos cosas: buena suerte y hazlo con el dinero que no necesites

 

Maderas, vino, fotografía, incunables, ¡Gramófonos antiguos! Las posibilidades inventadas para tratar de desplumar al incauto son innumerables y las revistas ¡de inversión! las mencionan todas las semanas[3] y los periódicos sacan un artículo ¡en sus páginas de economía! Regularmente [4]

 

¿He mencionado que las modas y “fiebres” por artículos y épocas concretas se pueden crear fácilmente por técnicas de marketing promovidas por los mismos a los que interesa vender esos artículos y esas épocas concretas como los nuevos destinos inmejorables de la inversión?

 

 

2)               todos los bienes tangibles que compremos para “invertir” llevan incorporado a su precio de venta un 21% de IVA al que hay que sumar el margen del marchante, galería o distribuidor que será como mínimo de un 30%. Así que si hoy compramos un maravilloso Buda Indio de €110,000[5] estaría pagando €90,909,09 de PVP más el IVA correspondiente. La agencia recibiría unos €27,272,73 como el 30% del PVP en concepto de margen de intermediación y si fuéramos a venderla al día siguiente la misma agencia nos diría que nos puede ofrecer, precio de amigo, €63,636,27 como mucho, y siempre que se la dejemos en depósito y no cobremos hasta que la venda. Si queremos el dinero en efectivo lo mejor que nos pueden ofrecer no superará los €50,000.

¿Exagero? Hagan la prueba.

 

El único modo de que nuestra antigüedad sea realmente rentable para nosotros será que la adquiramos por una miseria a alguien que desconoce su valor, que la encontremos paseando por el campo o que forme parte de la herencia de nuestra tía abuela la del pueblo, pero adquirirla ahora con expectativas de que la revalorización haga rentable la inversión es ilusorio.

 

Si la venta se realiza mediante agentes o costosas redes comerciales, con gran apoyo publicitario y en lujosas oficinas no hay duda: se trata de una pirámide de Ponzi y hay que salir huyendo a toda prisa. Da igual que hayan repartido “rentabilidades” superiores a la media durante 27 años, precisamente cuanto más tiempo las lleven repartiendo más probable es que se encuentren a punto de colapsarse y dejarnos colgados de la brocha. Si al IVA y al margen comercial hay que sumar las generosas comisiones ofrecidas a los comerciales y los abultados costes de estructura lo que nos queda en las manos no vale más que una fracción mínima del precio que pagamos. No nos confiemos, ahora mismo se está gestando el próximo Forum Filatélico, Gescartera, Nueva Rumasa o emisión de preferentes y alguien está a punto de caer.

 

 

 

3.              Ahora vamos a hacer un desarrollo un poco más técnico: el precio de una inversión se calcula descontando a una tasa determinada (que será mayor cuanto más riesgo suponga el proyecto) los flujos de fondos que genere más el valor residual que se le pueda otorgar. En cristiano, debemos comparar

 

El importe que depositamos inicialmente (A), en este caso el precio que paguemos, con signo negativo

 

Los importes que recibamos periódicamente (Qi), serían los dividendos de una acción o el alquiler de una propiedad, restando los gastos que suponga recibirlos, con signo positivo

 

El valor final o residual que obtengamos o preveamos obtener con la venta (Qn), con signo positivo

 

Todos los importes se deben dividir por un factor que será (1+k) elevado al año en que se reciba o pague el importe, siendo k la tasa de riesgo. En la ecuación se suponen tasas variables, pero se puede suponer constante. Este descuento refleja el riesgo de la inversión y el hecho de que un euro hoy vale más que un euro dentro de diez años, ya que lo puedo usar y consumir lo adquirido hoy y no asumo el riesgo de que en el futuro no lo tenga por cualquier razón.

 

Una vez obtenidos los valores corregidos los sumaremos y tendremos el Valor Actual Neto de la inversión y nos servirá para comparar inversiones alternativas prefiriendo las que tengan mayor VAN a las que lo tengan menor.

 

La ecuación es algo así:

 

 

El valor de la inversión es mayor cuanto

 

–      mayores son los flujos futuros, tanto periódicos como residual

–      menores son el precio (o desembolso) inicial y la tasa de descuento

 

Pues bien, en una inversión tangible

 

–      el precio inicial suele ser elevado

–      la tasa de descuento debe ser elevada ya que el riesgo de la inversión es alto, no suele haber mercados líquidos y eficientes de modo que los precios son manipulables y puede que tengamos que asumir pérdidas si queremos vender con urgencia

–      no hay flujos intermedios, salvo que cedamos la pieza a algún tipo de exposición remunerada, caso no muy frecuente

–      el valor final es difícil de conocer y para que la rentabilidad sea apreciable debe superar en mucho al de adquisición, lo cual se refleja en una tasa de descuento mayor, por la incertidumbre en que se cumplan las condiciones necesarias

 

Por todas estas razones desaconsejo adquirir bienes tangibles con la esperanza de que supongan una buena inversión. Si nos gusta una pieza admirémosla y disfrutemos con ella sin pensar en que nos va a ayudar a la hora de jubilarnos. Si es así, miel sobre hojuelas, pero debería ser una casualidad que nos sorprenda, no un objetivo buscado porque tenemos muchas posibilidades de sufrir una amarga desilusión.

 

Anexo: ¿inversión en metales preciosos? Oro, plata…

 

No me convencen. Sus precios son muy variables y sujetos a manipulaciones. Algo dentro de nosotros nos dice que son inversiones seguras y convenientes, sobre todo en estos tiempos de inestabilidad pero a esto argumentaría que

 

–      los costes de almacenamiento y de seguridad suponen una carga sobre la rentabilidad final que la mermará considerablemente

–      los precios actuales están disparados. Es muy peligroso tratar de alcanzar una tendencia en subida libre porque el impulso se puede terminar súbitamente y nos podemos encontrar en caída libre. Véase el gráfico, donde lo importante es la línea roja que considera la evolución de precios una vez descontada la inflación.

Vamos a echar un vistazo al gráfico de evolución del precio del oro, aquí.

Véase un punto intermedio, el de 1,983 que siguió a una moderada subida tras el batacazo de 1,980 que corrigió los excesos inmediatamente anteriores. El que tuviera oro en 1,983 no lo ha vuelto a ver al mismo precio hasta 2,010…. El que compró en 1,980 pensando que la subida iba a durar siempre ha visto que sólo ahora, 32 años después, el precio se acerca al que el pagó. Y mirando el gráfico, ¿no da un poco de vértigo la subida reciente? ¿Y la figura no se parece a la de hace 33 años? Esta semejanza de figuras no significa que la evolución vaya a ser igual, pero lo que sí es cierto es que una subida acelerada no puede ser eterna y el riesgo aumenta cuanto más empinada es la curva y cuanto más prolongada la subida.

 

Luego hay casos como el de los hermanos Hunt que en 1,980 decidieron invertir en plata para especular y se estima que llegaron a controlar un tercio de todo el mineral existente en la época. Y en un sólo día se desplomó el precio un 50%[6] y necesitaron una línea de crédito de 1,100 millones de euros para responder de sus contratos de futuros, aniquilando su propia compañía en las turbulencias que siguieron en esos años.

 

En un día la plata perdió el 50% de su valor. No es una cifra para tomar a broma.

 

[1]   Lo que siempre ha sido una pirámide.

[2]   http://www.lapaginadefinitiva.com/2012/05/21/cronica-marvel/

[3]   Inversión y finanzas tiene sección fija en las últimas páginas de su ejemplar semanal

[4]   Por ejemplo, el País Negocios del 10 de agosto de 2,010

[5]   Página 64 de Inversión y Finanzas Nº 853, Buda sentado de piedra, siglo II de la región de Gandara, 74 cm. De altura. No me lo invento.

[6]   27 de marzo de 1,980, http://es.wikipedia.org/wiki/Arrinconar_al_Mercado

 

Licencia Creative Commons
Curso de Defensa (Personal) frente a la Banca. por Israel Mármol se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CDIQFjAA&url=http%3A%2F%2Fdisenosocial.org%2Fbanca-etica%2F&ei=31QpU-yzIJCVhQed0oDwBg&usg=AFQjCNFIiJH8k95P03ny19IHUQqg_wVyVA&sig2=XwUvfUtM8BkUxBi09YOIaQ&bvm=bv.62922401,d.ZG4.