Planes de pensiones.

 

2.5  PLANES DE PENSIONES

El producto estrella en las campañas de otoño / invierno de los bancos. No hace falta que nos cambien la hora para que sepamos que se acabó el verano: sólo hay que estar atento a las campañas de las entidades promocionando sus planes de pensiones, usando todas ellas los mismos (y poco convincentes) argumentos. La única campaña original fue la que precisamente informaba de que lo que decían todos los bancos era lo mismo, que todos compartían las mismas ventajas fiscales y que la verdadera diferencia estaba en las comisiones de gestión. Y no decían que en la gestión misma, eso lo añado yo.

 

Los planes de pensiones tienen una ventaja que puede no ser tal: permiten reducir la base imponible del IRPF y pagar menos impuestos en la declaración del año. En pocas palabras: si alguien gana €24,000 y deposita €4,000 a lo largo del año en planes de pensiones, sólo pagará impuestos sobre la diferencia de €20,000.

 

Esto no significa que no vayamos a pagar impuestos sobre estos ingresos: significa que los vamos a pagar cuando recuperemos este dinero. En principio debería ser en el momento de la jubilación, y podríamos terminar pagando más impuestos de los que hemos ahorrado ya que en el momento de la jubilación, supongamos 2,032, tributaremos por todo lo que recuperemos ese año.

 

Los supuestos excepcionales, distintos de la jubilación son la invalidez laboral total y permanente o dependencia severa, así como tras el fallecimiento del partícipe, caso en el que los derechos acumulados serían propiedad de quien el partícipe hubiera designado[1] en el boletín de adhesión o en notificaciones posteriores a la entidad gestora.

Hay dos modos para recuperar el capital:

– como prestación única: 20 años a €4,000 anuales, €80,000 más los rendimientos acumulados, €123,876.81 en veinte años si suponemos un rendimiento fijo del 4% anual, de golpe en el 2,032. Como el IRPF es un impuesto progresivo no es lo mismo pagar 20 veces por €4,000 más los intereses que pagar una sola vez por veinte aportaciones más los rendimientos. Proporcionalmente pagaremos mucho más por la escala progresiva del IRPF y podemos terminar pagando más de lo que hubiera resultado año a año.

 

Pero hay una ventaja evidente en este diferimiento de impuestos: siempre es mejor tener el dinero en nuestra cuenta que en la de Hacienda, y además el dinero que no pagamos de impuestos nos genera rendimientos acumulados mientras lo tenemos nosotros, lo cual no sería así si lo pagamos como impuestos.

 

– como renta anual. En este caso acordaríamos con el banco el cobro de una renta, por un importe y tiempo determinado, que dependerán ambos del capital acumulado en el momento del rescate. Lógicamente, si hemos acumulado €123,876 podremos optar a una renta de €1,000 durante diez años (sin considerar el eventual rendimiento del capital durante el tiempo en el que se va generando la renta: aunque cobremos los primeros €1,000, seguiremos teniendo €122,876 que generarían intereses durante nueve años y once meses adicionales.

 

¿La conclusión? Debemos considerar la posibilidad de contratar un plan de pensiones por varios motivos:

–      es un gran modo de forzarnos a ahorrar. Los compromisos de Nochevieja o el apartar un dinero en una cuenta separada “para no tocarlo” duran lo que duran los propósitos de año nuevo. Cada mes habrá una excusa para no depositar lo comprometido, los uniformes de los niños, las vacaciones, la Navidad que tiene muchos gastos, etc. y si simplemente separamos el dinero en una cuenta con disponibilidad terminaremos tocándolo con el compromiso de reponerlo “el mes que viene sin falta”. No funciona nunca, al igual que volvemos a fumar antes de que llegue el día de Reyes. Como los planes de pensiones no se pueden recuperar (salvo las excepciones ya mencionadas) depositar ahí €30 o €50 al mes es una magnífica forma de ahorrar

–      es un método de inversión de lo más conveniente: tratar de anticiparse al mercado supone tratar de ser más listos que todos los demás agentes que operan en los mercados globalizados, entre ellos Warren Buffett, George Soros, Emilio Botín y García Paramés, el mejor gestor español. Como me resulta difícil pensar que vaya a batir a estos genios (y un bucanero, cuya identificación dejo como ejercicio práctico), es mucho mejor contratar un plan de pensiones bien gestionado, no el que nos ofrezca nuestro banco porque no suele ser el caso salvo rarísimas excepciones, sino el de una gestora independiente como Bestinver, y no buscar el comprar cuando el mercado está barato y anticiparnos a sus movimientos: si aportamos €50 todos los meses nos aseguraremos comprar en todos los periodos, cuando está más barato y cuando no lo está tanto, pero sin emplear tiempo en tratar de predecir lo que a corto plazo no son más que movimientos aleatorios de los mercados[2].

 

¿Cuales son los casos excepcionales en los que se puede recuperar el plan de pensiones? Desempleo de larga duración tras haber agotado las prestaciones contributivas de desempleo o enfermedad grave. Se está considerando permitirlo también cuando no se pueda hacer frente a la hipoteca. Estas eventualidades nos dan otra magnífica razón para ahorrar a través de un plan de pensiones: nos permiten reducir el pago global de impuestos a lo largo de los años.

 

–      supongamos que gano €24,000 cada año pero durante seis años deposito €4,000 en un plan de pensiones. En esos seis años pago impuestos sobre una base imponible de €20,000, al restar las aportaciones de mi sueldo bruto. Si el séptimo año estoy desempleado, pagaré impuestos sobre la prestación que reciba, y cuando la agote viene la verdadera ventaja: si recupero €12,000 al año cuando agote la prestación, pagaré impuestos por esos €12,000 durante dos años. Eso será siempre más dinero del que tendría si hubiera pagado impuestos sobre €24,000 y ahorrado €4,000 del neto tras tributar. Es un modo de diferir renta a los años en que tengo menos ingresos y así pagar menos impuestos.

 

Aclaración: considero que todos debemos contribuir al sostenimiento de los gastos públicos y pagar nuestros impuestos, pero tal y como está configurado el sistema impositivo, si un año ganara €50,000 y luego durante cuatro años ganara €25,000, habiendo ganado €150,000 pagaría muchos más impuestos que si hubiera ganado €30,000 cada año durante cinco años. El método óptimo sería pagar impuestos considerando la renta que ganáramos durante toda nuestra vida laboral, y que quien ganara €1,000,000 pagara más que quien ganara €250,000. El único problema es que es totalmente imposible, pese a que múltiples modelos usados por los economistas presuponen las expectativas racionales y que nosotros somos capaces, aunque sea inconscientemente, de prever el total de rentas que obtendremos a lo largo de nuestra vida y ajustaremos nuestra distribución temporal del gasto a tal previsión exacta. Pero si el que gana €250,000 los gana en un solo año y el que gana €1,000,000 en veinte, proporcionalmente el primero pagaría muchísimos más impuestos. Es por eso por lo que todo lo que hagamos para evitar las fluctuaciones y que paguemos sobre importes más constantes no es en absoluto reprobable: es perfectamente legítimo y razonable.

 

A la hora de elegir un plan, tengamos en cuenta lo ya mencionado y otros puntos adicionales:

-gestoras independientes y de buen rendimiento sostenido durante al menos diez años, los rankings del último año o de los últimos tres años no sirven de nada: pueden responder simplemente a una racha de suerte de tres años[3] o a una mera coincidencia de uno.

-En caso de duda, optemos por aquellos planes de pensiones que carguen menores comisiones. La diferencia a veinte o treinta años es abismal.

-En caso de duda ante la gestión: un plan referenciado a un índice, el Ibex 35 o a uno global. Buscar elegir los valores es lo mismo que antes: tratar que ser más listos que los millones que entran en el mercado. Sólo aquellos que han demostrado serlo merecen figurar en una categoría aparte, Buffett, García Paramés, y si no está a nuestro alcance vamos a por un plan sencillo referenciado al Ibex o al Eurostoxx 50.

-debemos optar por renta variable al principio de la inversión, cuando somos jóvenes, e ir ajustando la proporción e ir incrementando el peso de la renta fija según se acerque la edad de la jubilación. Pero a los treinta o cuarenta años podemos asumir más riesgos y debemos optar por renta variable.

Estos ajustes son muy fáciles por la posibilidad de movilizar los derechos consolidados de un plan a otro: o bien dentro de la misma gestora podemos ir traspasando hacia los más conservadores según cumplamos años o podemos realizar distintas aportaciones a planes con distintas filosofías de inversión. Por ejemplo, vamos a ahorrar €50 todos los meses. Al principio de nuestra carrera profesional, podríamos aportar €50 mensuales a un plan de renta variable. A los diez años cambiaríamos las aportaciones para que fueran trimestrales, dejando tres de ellas de €50 al plan de renta variable y una trimestral de €50 al de renta fija. Veinte años después daríamos la vuelta a la proporción, dejando una de €50 trimestrales a renta variable y tres a renta fija. A los treinta años de ejecución del plan la totalidad de la inversión debe ir a renta fija o a un Plan de Previsión Asegurado (PPA). Estos últimos son productos similares, con las mismas ventajas fiscales y comercializados por aseguradoras. Pueden ser una elección magnífica para la parte de nuestro ahorro que queramos dedicar a la Renta Fija y disfrutan del mismo tratamiento fiscal.

Cuidado, este tratamiento fiscal, reducir las aportaciones de la base imponible, no la comparten otros productos, como los planes de jubilación o los seguros de ahorro o jubilación. A cambio, estos son más líquidos y se pueden rescatar sin necesidad de desempleo, dependencia o enfermedad grave. Como en todo, la clave es la diversificación: aquel dinero que no vayamos a necesitar, con toda seguridad, a un plan de pensiones o PPA. El resto del ahorro, en diversos productos: fondos de inversión, depósitos lo que podamos necesitar para imprevistos, planes de jubilación, etc.

Lo que nunca debemos contratar son garantizados o estructurados, los primeros lo único que garantizan es que no vamos a ganar dinero y los segundos son directamente tóxicos y peligrosísimos.

 

 

 

[1]     Es importante saber que los derechos de planes de pensiones no se suman a la masa hereditaria y se puede disponer libremente de ellos a la hora de planificar la sucesión, sin que operen las limitaciones (legítima, mejora, etc.) del Código Civil. Esta es una ventaja superlativa de este producto: si queremos desheredar a alguien se puede hacer a través de planes de pensiones o de seguros de vida, cuyos beneficiarios también se pueden designar libremente.

[2]     Este método se llama “Dollar cost averaging”, promediar el coste de compra, y es un sencillo método de ahorrar sistemáticamente y evitar concentrar las compras en los periodos en los que el mercado está sobrevalorado.

[3]   Jason Zweig en “Your money and your brain” nos da las razones por las que nuestro cerebro busca naturalmente encontrar tendencias y cita a Benjamin Graham cuando se muestra convencido de la incapacidad de los inversores para contar hasta tres. Una racha de resultados superiores a los del mercado de dos o tres años se explica mucho más fácilmente por mera suerte y no implica necesariamente unas habilidades inversoras dignas de inversión. Y, como en casi todo, aplica la navaja de Ockham.

 

 

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Curso de Defensa (Personal) frente a la Banca. por Israel Mármol se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CDIQFjAA&url=http%3A%2F%2Fdisenosocial.org%2Fbanca-etica%2F&ei=31QpU-yzIJCVhQed0oDwBg&usg=AFQjCNFIiJH8k95P03ny19IHUQqg_wVyVA&sig2=XwUvfUtM8BkUxBi09YOIaQ&bvm=bv.62922401,d.ZG4.