Bonos, obligaciones. Preferentes.

 

2.3 Bonos, pagarés, obligaciones. Preferentes.

 

Pasamos a ver productos de renta fija, pero que no son depósitos tradicionales como los que estamos acostumbrados a ver. Depósitos son las imposiciones a plazo fijo de toda la vida y los únicos garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos que ya hemos visto.

 

Bonos, pagarés, obligaciones, letras, son todos instrumentos emitidos para obtener financiación, normalmente a un tipo fijo y conocido. La principal diferencia reside en los plazos a los que se emiten.

 

Las obligaciones son las que se emiten a más largo plazo, entre diez y treinta años o incluso a más largo plazo. Son instrumentos interesantes para una planificación financiera a muy largo plazo siempre y cuando estemos seguros de que no vamos a necesitar el dinero antes del vencimiento. La razón es que aunque sean valores de renta fija su precio varía con el tiempo y puede que si las vendemos en un mercado secundario antes del vencimiento perdamos dinero, aunque también podemos ganarlo. Todo dependerá de la evolución de los tipos de interés con respecto al cupón[1] (que es el importe del rendimiento periódico que se recibe) de la obligación. La razón es sencilla e intuitiva: si tengo una obligación emitida hace cinco años y vencimiento dentro de otros cinco por la que me pagan un 4% anual y resulta que el tipo de interés actual es del 8% y puedo contratar un bono a cinco años por el que me pagarían tal cantidad anual, es obvio que si quisiera vender mi obligación en el mercado no me pagarían más de la mitad de su valor facial, de modo que el comprador obtendría la misma rentabilidad comprandome a mi o acudiendo al mercado.

 

Con números: si mi obligación de €1,000 renta €40 al año y puedo comprar un bono por €1,000 que renta €80 nadie me comprará mi obligación por más de €500, de modo que los €40 supongan un 8% de la inversión realizada de €500.

 

Inversamente, si los tipos de interés son inferiores al cupón de mi obligación el precio que podré obtener en el mercado será mayor. El importe exacto se calcula mediante el descuento de flujos de fondos previsto usando como tasa de descuento el tipo de interés vigente. La función VAN del Excel lo hace por nosotros y resolverlo con calculadora o papel es una pesadilla ya que hay que hacerlo por aproximaciones sucesivas, probando distintos valores y resolviendo la ecuación compleja que tiene un aspecto complicado.

 

 

No nos preocupemos de las fluctuaciones de valor ya que si no la vendemos recuperaremos el valor íntegro al vencimiento[2], pero para disfrutar de tal tranquilidad debemos haber acompasado el vencimiento del bono con la necesidad de fondos que tengamos. Si invertimos a diez años un dinero que necesitaremos en cinco asumiremos el riesgo de precio: el que al venderlas a los cinco años recuperemos menos dinero del invertido. Si, por el contrario, invertimos a cinco años el dinero que necesitaremos a diez asumiremos el riesgo de reinversión: la posibilidad de que no obtengamos el mismo rendimiento al comprar un nuevo bono.[3]

 

Las fluctuaciones de precio son más acusadas cuanto más tiempo reste para el vencimiento, de modo que una variación de tipos afectará más a una obligación a la que le resten veintinueve años que a una a la que le queden tres.

 

Letras y pagarés son instrumentos a más corto plazo. Las letras del tesoro se emiten a 3, 6, 12 y 18 meses. El Tesoro ya no emite pagarés pero la figura ha vuelto con fuerza por las emisiones privadas. Las letras se emiten en subastas (los inversores pujan mediante la presentación de ofertas para adquirirlas con un interés dado, dirán “te ofrezco prestarte €10,000 al 3,5%”. Se van asignando las letras por orden creciente de rentabilidad hasta que se cubre el importe previsto para emitir y se publica el interés marginal, que es el último al que se ha vendido una letra y el interés medio, el calculado para todas las colocaciones, y se emiten al descuento, lo que significa que en lugar de invertir €1,000 al 3,5% para que te devuelvan €1,035 al vencimiento de un año inviertes €966,18 para obtener €33,81 al vencimiento, que son el 3,5% de los €966,18 invertidos. Ojo: al descuento no significa calcular el 3,5% de los €1,000 invertidos y restárselos para llegar al capital inicial, es dividir el capital final por uno más el porcentaje (en nuestro caso, por 1.035) y hacerlo de otro modo un error cometido a menudo, incluso por periodistas económicos del suplemento de el País. Tengo pruebas. Aunque la diferencia pueda parecer menor, si en lugar de invertir €1,000 y tener €1,19 de diferencia inviertes un millón, la diferencia ya es de €1,190 y ya son cantidades que, en términos absolutos, son apreciables.

 

¿Por qué han vuelto los pagarés? Pues lo más curioso es que es para eludir una Ley. Normalmente los ciudadanos cuando se les prohíbe algo o se les desincentiva para que no lo hagan[4] lo acatan y modifican sus hábitos. Los bancos buscan la vía de seguir haciendo lo que les apetece o directamente ignoran la ley y sólo la aplican a los que reclaman. En este caso la Ley fue se promulgó en junio de 2,011 para penalizar a los “súper depósitos” por la preocupación del Ministerio de Hacienda respecto a su impacto en la solvencia de las entidades. Es cierto que la “guerra del pasivo”, como se la llamó, estaba haciendo estragos en los costes del pasivo de las entidades, que con los grifos internacionales cerrados tenían que luchar con uñas y dientes por la escasa liquidez de los españoles mediante agresivas ofertas (que llegaron al 12% TAE para un mes) para “dinero nuevo”. Otra vez la incongruencia de premiar al cliente mercenario y no al fidelizado, incentivando que este entre en el carrusel de movimiento perpetuo del dinero de una entidad a otra, pero ese es otro tema.

 

Para solucionar dicha guerra lo que se hizo fue incrementar las aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos que había que realizar por las imposiciones que superaran ciertos límites considerados excesivos por el Gobierno. Así, para las rentabilidades inferiores al umbral la aportación al Fondo era del 2 por mil del importe. Pero para los excesos sobre esos umbrales se quintuplica la aportación, que es entonces del 1 por ciento. En el artículo que se publica el 10 de julio de 2,012 (www.expansion.com/2012/07/10/mercados/1341877128.html) en Expansión lo explican muy bien y luego hacen los cálculos mal, porque aplican la penalización a toda la rentabilidad ofrecida (cuando tenían que aplicarla al exceso sobre el límite marcado).

 

En definitiva, que superar una rentabilidad del 2,48% suponía tener que asumir un mayor coste de la aportación al FGD. ¿Qué hicieron las entidades? Recuperar los pagarés y lanzar a su red comercial a colocarlos como si no hubiera mañana. Obviamente los pagarés no suponen aportación al Fondo pero la consecuencia es inmediata y evidente: tampoco cuentan con la protección que ofrece. Es improbable que una entidad financiera quiebre, pero no es descartable que se deje caer a alguna de las más tocadas y más pequeñas, de modo que sí que se podría perder la inversión en pagarés de una de ellas y no se perderían los depósitos a plazo y las cuentas corrientes.

 

¿Otra desventaja? Los depósitos se pueden cancelar anticipadamente y la penalización máxima sólo puede ser el importe de intereses devengados hasta la fecha, el capital lo recuperaremos siempre. Pero si queremos recuperar el importe depositado mediante un pagaré tenemos que acudir a un mercado secundario donde es posible que tengamos que asumir una pérdida que puede ser considerable. La razón no es la variabilidad de los tipos de interés sino que son mercados con muy poca liquidez, sin apenas transacciones ni compradores, por lo que los que sí están dispuestos a comprar lo hacen en busca de grandes beneficios aprovechándose de la necesidad de vender del ofertante. Así, no será raro que te ofrezcan el 60% o 70% del valor nominal y sea un “lo tomas o lo dejas” sin más.

 

Todas estas cuestiones no se suelen mencionar por el comercial que llega con intención de vendértelos, si bien Nueva Rumasa ha hecho mucho por sembrar inquietud respecto a este instrumento y eso sí debemos agradecérselo. Eso, y demostrar que la CNMV vale para poco porque consiguieron colocar trescientos ochenta y cinco millones de euros a pesar de las ocho advertencias que hizo el organismo sobre la emisión de pagarés del grupo.

 

Los bonos son equivalentes, con un vencimiento de entre tres y cinco años, están entre las letras y las obligaciones.

 

Todos estos instrumentos pueden emitirse por el sector público o por el sector privado y podemos encontrar obligaciones de empresas eléctricas, obligaciones bonificadas de empresas de autopistas, los mencionados pagarés de bancos o los pagarés de empresas y muchas otras versiones. Como con la democracia, los apellidos suelen desnaturalizar el concepto[5] y casi nunca para bien. Salvo las obligaciones bonificadas, que cuentan con ventajas fiscales, las obligaciones subordinadas, las convertibles, etc reducen los derechos de los tenedores y en muchos casos se acercan peligrosamente al concepto de capital de la entidad emisora, por lo que si las compramos tengamos cuidado de saber lo que nos ofrecen y a qué estamos renunciando y sobre todo pidamos una mayor rentabilidad que compense esas renuncias. Especialmente peligrosas son las convertibles si lo son obligatoriamente y sobre todo en función de la razón de conversión que se haya establecido. Que se lo digan a los que compraron las del Santander en 2,007 atraídos por un cupón inicial del 7% durante sólo los seis primeros años (cuando bonos del Estado a cinco años los había al 4,5%) y ahora se encuentran con que pierden el 60% de la inversión en el canje por acciones del Santander. Se canjearon a €13,18 y en el mercado se encontraban a apenas €5.

 

Se están lanzando plataformas, como Auriga bonos para que el gran público pueda comprar instrumentos de renta fija, opción por la que apenas opta el 3% de los inversores frente al 10%[6] que lo hace en Europa. La razón, de nuevo, es la gran bancarización de la comercialización de productos financieros que hace que los clientes no puedan acceder a toda la gama de productos en igualdad de condiciones y que sólo contraten aquello que se les ofrece activamente.

 

Y poco hay que decir acerca de las preferentes salvo que jamás se debieron vender al público en general. Son productos perpetuos, muy poco líquidos y no recomendados para los particulares, sólo a inversores especializados. No son depósitos ni son productos de renta fija, son otra cosa mucho más complicada y así se debió informar al eventual comprador en lugar de inducirle a error y llegar a estafarle. Lo más curioso es que el problema ha surgido por una instrucción de la CNMV para acabar con un abuso habitual en las entidades, que en mi opinión es una estafa de libro. Cuando un cliente con preferentes llegaba a la entidad a solicitar su reembolso no le ponían ningún problema, se lo abonaban al 100% y le vendían las mismas participaciones al siguiente incauto que pasaba por allí al 100% de su valor nominal, sin informarle de que en el mercado secundario las podrían encontrar fácilmente al 70% o 60% de ese precio. Esto es directamente un engaño con ánimo de obtener un beneficio económico en perjuicio de un tercero.

 

La CNMV se hartó de tales prácticas y obligó a las entidades a valorar las preferentes por su precio de mercado a la hora de reembolsarlas y aquí surgió el problema gordo y que va a tener difícil solución. Entre otras cosas porque la ayuda para los bancos que da Bruselas va a exigir que los titulares de preferentes asuman pérdidas en las mismas. Lo único que se puede hacer es acudir a la justicia y alegar error en el consentimiento y la nulidad del contrato. Ya ha habido sentencias favorables a los inversores que obligan a la entidad a devolver el importe invertido, pero restando los rendimientos recibidos durante la vigencia, lo que en mi opinión es un error de concepto.

 

Lo explico: si yo acudí a la oficina bancaria a por un depósito a cinco años que me podía rentar un 4,5% y me colocaron una preferente que rentaba el 7% yo no me he beneficiado incorrectamente por un 7%. Lo he hecho solo por la diferencia entre el rendimiento normal del activo sin riesgo y el aumentado de la preferente, que debía remunerar el mayor riesgo asumido y demás desventajas. Pero si resulta que anulan el contrato y me tienen que devolver el dinero, tengo todo el derecho a esperar una remuneración por el tiempo que el banco lo ha disfrutado, en este caso al 4,5%. Si no se reconoce así el banco obtiene un enriquecimiento injusto por haber dispuesto de mi dinero cinco años sin contraprestación.

 

 

[1]     La denominación “cupón” proviene de cuando las obligaciones eran títulos físicos que se entregaban a los compradores. Una parte del título eran literalmente los “cupones” que deían cortarse y entregarse al emisor a cambio de la remuneración pactada. Las obligaciones son interesantes objetos de colección y muestran parte de la historia económica de un pueblo, pero por favor no caigamos en el pecado de considerarlas “inversiones alternativas” porque ya sabemos que no lo son.

[2]     Salvo que la empresa entre en concurso de acreedores o similar y no pueda hacer frente a sus obligaciones. En todo caso, tendremos un derecho de crédito frente a la emisora.

[3]     El no acompasar el horizonte temporal de la inversión con el vencimiento de la cartera implica otros inconvenientes: pagar impuestos por rendimientos que podrían haberse capitalizado, perder esta capitalización de rendimientos que incrementa considerablemente la rentabilidad, etc.

[4]     Como puede ser la obligación de cobrar por bolsas de plástico, que ha reducido su consumo en seis meses lo que no han conseguido años de campañas de concienciación.

[5]     En cuanto se habla de democracia orgánica, democracia soberana, democracia popular no son más que adulteraciones interesadas del concepto

[6]     Tomado de la revista Inversión y Finanzas, número 885 de 16 de febrero de 2,013

 

 

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Curso de Defensa (Personal) frente a la Banca. por Israel Mármol se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CDIQFjAA&url=http%3A%2F%2Fdisenosocial.org%2Fbanca-etica%2F&ei=31QpU-yzIJCVhQed0oDwBg&usg=AFQjCNFIiJH8k95P03ny19IHUQqg_wVyVA&sig2=XwUvfUtM8BkUxBi09YOIaQ&bvm=bv.62922401,d.ZG4.