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Tarjetas de crédito y de débito.

Posted by Israel Marmol on April 5, 2014 in Curso defensa (personal) frente a la banca. |

 

2.9 TARJETAS DE DÉBITO Y DE CRÉDITO

Cuenta la leyenda que la tarjeta de crédito se inventó cuando un ejecutivo de un banco de inversión estadounidense se encontró sin efectivo para pagar la cuenta del restaurante. Ofreció a cambio dejar su tarjeta de visita con el importe debido como una especie de reconocimiento de deuda para que se cobrara en las oficinas del banco. La idea cuajó en el invento de un nuevo instrumento de pago con el que se podían movilizar fondos contra una cuenta corriente. Sería la tarjeta de crédito, distinta de la de débito de la que hablaremos después. Si las vas a usar en el extranjero, consulta este especial.

Sin duda esto nos da idea de lo buen negocio que es y lo interesante que es para todos los participantes, incluso para los comerciantes aunque estos habitualmente se quejen de las comisiones que se les cobran por aceptarlas en sus establecimientos, llamadas tasas de intercambio. La tarjeta de crédito ha conseguido un raro mérito: conseguir que los más feroces competidores dentro de una industria se unan para compartir uno o dos estándares y cooperar con las compañías emisoras en busca de una mejor eficiencia.

Las emisoras principales son VISA y Mastercard, con implantación prácticamente en todo el mundo, y American Express, mucho menos aceptada y más elitista. Operan las plataformas que recogen las transacciones que se realizan y enlazan con las entidades emisoras de las tarjetas.

Es un sistema en el que una tarjeta asociada a una entidad o empresa (Cruz Roja, el Málaga CF o Iberia por ejemplo) se emite por una entidad financiera (La Caixa o BBVA por ejemplo) y es operada por una plataforma que puede ser VISA o Mastercard. Con esta tarjeta se pueden hacer pagos en prácticamente todo el mundo y se realizan los cambios de divisas según las tarifas acordadas en el contrato.

Por cada transacción se cobra al comerciante un porcentaje de la misma, la tasa de intercambio, que pudo llegar al 6% para aquellos negocios considerados de más riesgo de fraude, como por ejemplo los locales de alterne.

Por intervención de la Comunidad Europea se han unificado las tarifas y reducido en gran medida ya que se consideraba que algunos de los porcentajes cargados eran abusivos y no se negociaban en igualdad de condiciones entre la entidad y el comerciante. El vendedor recibe el importe de la compra en su cuenta corriente al día siguiente, deducida la tasa de intercambio que remunera el servicio del datáfono (el equipo que sirve para leer las tarjetas) y el efecto financiero del adelanto del dinero que se cobra al cliente posteriormente. Además hay que añadir un importe para cubrir los eventuales fraudes.

COLABORAR A TRAVÉS DE TU TARJETA

El porcentaje que se recibe se divide entre la plataforma (VISA), la entidad (Santander) y la entidad asociada (Acción contra el hambre).

Incluso el cliente puede recibir parte del importe en el caso de las tarjetas que le recompensan con un porcentaje de las compras, bien en efectivo o en “puntos” o similares, canjeables por productos o servicios de la entidad.

La VISA OCU devuelve el 0,7% de las compras y la VISA Iberia acumula puntos Iberia Plus para canjear por billetes. Si se hace un uso intensivo de la tarjeta se deben considerar estas devoluciones, pero con mucho cuidado en el caso de las tarjetas revolving que luego comentaremos.

Eso sí, una manera sencilla y sin coste de colaborar con entidades de nuestra elección es contratar las tarjetas a las que se asocian y de las que obtienen un pequeño porcentaje de los ingresos generados, la VISA Cruz Roja por ejemplo. Otro modo de colaborar es donar los puntos generados por las compras a las entidades que aparecen en el catálogo de regalos de los programas de fidelización.

¿POR QUÉ LES COMPENSA A LOS BANCOS DAR TARJETAS DE CRÉDITO?

LA COMISIÓN BANCARIA

Los bancos reciben ingresos de las tarjetas por tres vías:

  1. el porcentaje de las tasas de intercambio que reciben.
  2. las cuotas de emisión de las tarjetas que cargan a los clientes son las comisiones
  3. y los intereses por aplazamiento de pagos sería el ingreso financiero.

Las comisiones se están incrementando sustancialmente en los últimos tiempos por la necesidad de incrementar los ingresos y hay que revisar con mucho cuidado los costes asociados a las tarjetas, especialmente cuando resulta que el primer año se suelen ofrecer sin coste para luego camuflar las comisiones en el extracto donde es fácil que pasen desapercibidas.

Una cuestión importante: la Ley de Servicios de Pago prohíbe expresamente el envío de tarjetas u otros medios de pago sin que medie solicitud expresa del cliente.

Es la respuesta a pasados abusos en los que se enviaba (o incluso se emitía y no llegaba a enviarse) la tarjeta y se cobraban comisiones por la misma sin que el cliente la hubiera solicitado o usado, incluso conocido su existencia. Los problemas que el extravío de tales tarjetas generó sólo agravó la situación. No era desconocido el caso de una tarjeta no solicitada sustraída en el buzón del cliente y usada sin que éste siquiera conociera su existencia hasta que veía los cargos en su cuenta.

MODALIDADES DE PAGO

Las tarjetas se pueden emitir con distintas modalidades de pago: total fin de mes es la única que recomendamos, desaconsejando estrictamente cualquier otra salvo el cargo inmediato en cuenta, que en definitiva supone el funcionamiento como una tarjeta de débito.

El pago aplazado de los saldos puede contratarse con un importe fijo mensual (€100) o un porcentaje sobre la deuda pendiente (10%). Esta es la modalidad “tarjeta revolving” y es uno de los errores más graves que se pueden cometer en el uso de instrumentos financieros: los intereses cargados, salvo dos excepciones, son siempre superiores al 20% y suponen que la deuda se incrementa a un ritmo que pronto se convierte en insostenible.

Si se elige una cuota fija o un porcentaje bajo de pago, es muy probable que ni siquiera estemos liquidando los intereses generados, con lo que se acumulan intereses sobre intereses y la situación pronto es difícil de manejar.

¿SEGURO PARA LOS PAGOS APLAZADOS?

Hay entidades que incluyen un seguro a los pagos aplazados y esto las hace aún más desaconsejables.

Citibank llega a cargar un 1% adicional mensual sobre el saldo pendiente, además de los ya altos intereses, y el seguro es opción por defecto en la solicitud de tarjeta, por lo que el coste final es desmesurado y además no será fácil identificar a qué concepto corresponde cada cargo.

Se puede pelear este seguro ya que suele ser sólo una “solicitud de seguro” sin que se cuente con la preceptiva póliza firmada por el cliente, como establece la Dirección General de Seguros.

Las únicas excepciones con ING, que carga alrededor de un 13% TAE, alto pero no escandaloso, e Inversis Banco que es la unica que podemos recomendar en esta modalidad, con un 6% TAE para los aplazamientos, más barato incluso que los mejores préstamos personales actualmente en el mercado.

DESCUENTOS EN LAS COMPRAS

Algunas tarjetas ofrecen descuentos con gancho, de hasta el 10% de las compras realizadas, pero sólo si se aplazan los pagos asumiendo el interés superior al 20% que implica tal modalidad. Es obvio que el descuento obtenido no compensa el interés que se soportará de modo que no es recomendable acudir a tales tarjetas al reclamo de los descuentos.

CONTROLAR LOS GASTOS

Las tarjetas pueden ser una buena forma de tener controlados los gastos, aunque parezca que no es así. Para ello se deben fijar estrictos límites de crédito y hacer un seguimiento de las operaciones.

Hay emisoras que informan detalladamente de los conceptos de gasto (supermercados, librerías, etc.) del mes y acumulado del último año ayudando a esta tarea.

Pero también hay que tener en cuenta que las tarjetas son las mejores amigas de los comerciantes y vendedores ya que aumentan las compras y el gasto medio de las mismas por el efecto psicológico que tiene la sensación de “no estar gastando” asociada a su uso, frente a la clara visión de la salida de billetes de la cartera si el pago es en efectivo.

Consideremos si somos capaces de mantener el gasto bajo control conociendo este efecto y si vemos que el importe del recibo medio aumenta tendremos que renunciar al plástico. Por esta razón comentábamos que los comerciantes eran los grandes beneficiados de la existencia de las tarjetas, a pesar de sus quejas por las tasas de intercambio. Debemos reconocer que un 6% como se les cobraba era un abuso desde cualquier prisma que se mirara.

Algo importante es revisar las transacciones y pedir explicaciones por todas aquellas que no reconozcamos como propias, contactando con el banco para que pida al comercio el justificante de la transacción para que pueda acreditarse que fue correcta y se cumplieron todos los requisitos legales: se debe identificar al titular de la tarjeta con un documento oficial que cuente con una fotografía (Carné de identidad, pasaporte, y se suele aceptar el carné de conducir aunque en términos estrictos hay dudas de que pueda suplir a los dos anteriores a efectos de identificación) y comprobar la firma con la que debe figurar en el reverso de la tarjeta.

La emisión de tarjetas con chip elimina estos requisitos y los sustituye por el código secreto que sólo debe conocer el titular.

IMPORTANTE: Si existe una discrepancia respecto a una transacción por nuestra parte la entidad debe devolver el dinero inmediatamente a nuestra cuenta y comenzar los trámites para comprobar que fue correcta.

Esto es irrenunciable: insistamos en recibir de vuelta el dinero y que se demuestre, la carga de la prueba está en el comercio y la plataforma, que la operación fue correcta y se cumplieron todos los requisitos.

No aceptemos excusas ni dilaciones de ningún tipo: si no estamos de acuerdo tenemos derecho a recibir el dinero de vuelta hasta que se muestre que la transacción es correcta. Y si la transacción no la realizamos nosotros y no se cumplieron con los requisitos de identificación no debemos asumir más pérdida que la establecida en la ley, que es:

En caso de sustracción o pérdida, el perjuicio máximo que debe sufrir el cliente es de €150, hasta el momento de la notificación de la misma, siempre que no haya habido negligencia en la custodia de la tarjeta o de los códigos. Esto es importantísimo para saber que los seguros de protección que se suelen ofrecer no tienen interés ya que es la misma Ley la que indica este límite y el seguro normalmente tiene una franquicia similar. Estaríamos pagando por una protección que ya nos concede la ley.
En caso de que se duplique la tarjeta, al no haber pérdida o sustracción, el cliente NO DEBE SUFRIR PERJUICIO ECONÓMICO ALGUNO si no ha obrado negligentemente.

A partir del momento en que notifique la pérdida la plataforma debe bloquear el medio de pago y no aceptar ningún cargo, que en todo caso deberá asumir el emisor o la plataforma y nunca el cliente.

CONSEJOS:

Memoricemos en el móvil, bajo el nombre 4B, VISA, Mastercard, Servired o la plataforma que sea relevante, el teléfono de atención al cliente que figura en el reverso de nuestras tarjetas.

Lo más probable es que cuando lo necesitemos no tengamos el plástico a mano y si se han perdido los minutos llamando al 11818 o mirando en las pegatinas de un cajero los teléfonos pueden ser importantes. En caso de urgencia da igual llamar a VISA si mi tarjeta es 4B, nos van a dar el teléfono adecuado sin problemas. En esto colaboran entre ellas sin dudar.

Si perdemos la tarjeta es muy conveniente comprobar inmediatamente las últimas transacciones para ver si hay movimientos extraños.

No debemos anotar el código PIN en ningún sitio que acompañe la tarjeta ya que puede demostrar una negligencia en su custodia y hacernos responsables del total gastado fraudulentamente. Pero el mero uso del PIN no significa automáticamente que haya habido tal negligencia en su custodia, debe demostrarse por el banco.

Debemos reclamar todas las cantidades que se puedan cargar por uso fraudulento y hacer valer el límite de €150, además de reclamar que se demuestre que se ha identificado adecuadamente al cliente en caso de compras que no reconozcamos. La carga de la prueba está en el comercio y el banco, recordamos. No es responsabilidad nuestra demostrar el mal uso.

Nunca lleves la tarjeta y el PIN juntos

Con el ‘boom’ del dinero de plástico, cada vez más personas utilizan las tarjetas de débito y crédito como medio de pago habitual. En ocasiones tenemos tantas que resulta complicado acordarnos de su número PIN o número secreto. Por eso, puede resultar muy tentador y, aparentemente, muy práctico anotarlo en un papel y llevarlo siempre con nosotros.

De hecho, según un estudio realizado por la compañía MyVoucherCodes, alrededor del 13% de los ciudadanos lleva el PIN de su tarjeta anotado en la cartera. Este es el mayor error: si un ladrón logra huir con tu billetera, no solo tendrá tus tarjetas, sino también los códigos para tener acceso a tu dinero. En este sentido, también es muy recomendable que nunca lleves contigo todas tus tarjetas bancarias.

Introducir el PIN sin tapar el teclado

El número secreto es la llave que da acceso a nuestro dinero, así que debemos evitar que nadie tenga acceso a él. Para nuestra economía es mejor pecar de paranoicos que mostrarnos despreocupados. Tapa siempre el teclado, ya sea de un datafono o de un cajero automático, cuando introduzcas el número PIN, nunca se sabe quién puede estar mirando. Si estás en un cajero, echa un vistazo para ver si existen indicios de que ha sido manipulado antes de hacer cualquier tipo de operación.

Sin embargo, en ocasiones, ni siquiera estas precauciones son suficientes: los criminales utilizan ya cámaras térmicas o de infrarrojos para obtener de forma rápida y discreta, contraseñas recién introducidas a través de los rastros que deja en las teclas pulsadas nuestra temperatura corporal o la fuerza con las que las apretamos.

Perder de vista la tarjeta de crédito

Cuando sacamos dinero de un cajero, solemos preocuparnos porque no haya nadie a nuestra espalda observando cómo introducimos el número PIN. Sin embargo, en tiendas o restaurantes no somos tan celosos con la seguridad de nuestro dinero de plástico, aunque deberíamos serlo.

Para clonarte la tarjeta únicamente se necesita un lector, también conocido como ‘card skimmer’, que apenas cuesta 10 euros, y alejar la tarjeta de la vista de su propietario durante cuatro segundos.

Gran parte de la culpa de los fraudes con tarjetas copiadas es de los propios establecimientos comerciales, que obvian las medidas de seguridad más básicas, como pedir una identificación, DNI o carné de conducir, para comprobar que quien la está usando es su legítimo propietario.

Tirar los comprobantes

Es fundamental guardar siempre los tiques de compra que entregan los comercios para disponer de pruebas con el importe, fecha, hora y lugar de cada transacción. Así podremos demostrar siempre qué es lo que compramos y su importe ante nuestro banco.

También es conveniente comprobar de manera minuciosa los extractos que facilita la entidad bancaria para identificar lo antes posibles operaciones fraudulentas en nuestra cuenta. En estos casos, la velocidad con la que descubramos los posibles fraudes facilitará la solución del problema.

CUIDADO TAMBIÉN CON:

>> Tarjetas duplicadas

Si no hemos perdido la tarjeta, si ha sido duplicada por algún medio o usado fraudulentamente en Internet, no tenemos que asumir ninguna pérdida por compras no realizadas. Ni siquiera los €150. Hay que reclamar el total de las cantidades al banco y será el establecimiento o la plataforma la que soporte el total de la pérdida, nunca el cliente.

Hay entidades que ofrecen el envío gratuito de un SMS con cada transacción que supere cierto importe o incluso llaman personalmente para comprobarlas. Será mejor optar por estas y activar la opción, además de comprobar regularmente en banca electrónica los cargos, al menos una vez a la semana. También es posible que el móvil te toque la cucaracha en ciertas épocas, como la navideña, al ritmo de las compras, pero será una molestia asumible por la seguridad que ofrece la opción. Sé de algún contacto que lo desactivó precisamente por la reiteración en los mensajes que recibía.

>> Exceder el crédito

Fijemos un límite estricto y no caigamos en la tentación de aumentarlo para atender pagos extraordinarios como vacaciones o imprevistos, salvo que lo tengamos todo muy controlado. Es el mejor modo de caer en el pago aplazado.

No acudamos nunca al pago aplazado, los intereses y comisiones que terminaremos pagando son escandalosamente altos.

Si no necesitamos una tarjeta debemos cancelarla sin dudar y devolverla al banco o romperla. No es conveniente acumular tarjetas que no usamos, ya que lo único que puede pasar es que haya un mal uso de las mismas en algún momento, se extravíen o terminemos pagando comisiones que no tenemos por qué asumir por un plástico que no nos interesa.

Si el banco insiste en que la mantengamos, normalmente porque tienen objetivos para todos los instrumentos, debemos insistir en que sólo la mantendremos si es sin coste y siempre que haya algún interés por nuestra parte en mantenerla.

>> Gratuidad de las tarjetas

La tarjeta de débito sirve para los pequeños movimientos, disposiciones e ingresos, con cargos inmediatos en cuenta corriente sin que lleven asociado un crédito. Sabemos que es muy habitual que las entidades nos deriven a los cajeros para estas pequeñas transacciones y para ello es imprescindible la tarjeta. Por esta razón defiendo que deben ser gratuitas ya que no son opcionales, si se requieren para disfrutar del servicio de caja sólo se pueden considerar incluidas en la comisión de administración que retribuye éste y no pueden cobrar por el instrumento.

Además del ahorro de costes que supone derivar al cajero automático múltiples transacciones, reduciendo los recursos humanos necesarios en caja, hay otra ventaja adicional, para el banco, de estos instrumentos: los saldos medios mantenidos en cuenta corriente son mayores si se dispone de ellos que si no es así. La razón es simple, si debemos acudir a la oficina y soportar una cola para disponer de fondos retiraremos más que si podemos acudir sin tantas molestias al cajero, visitas que serán más frecuentes y por menores importes. Sepámoslo.

>> Disponer de efectivo

A la hora de disponer de dinero en efectivo puede que usemos la tarjeta de crédito pero entonces debemos optar siempre por la opción de recibirlo de la “cuenta corriente o de ahorro”, nunca de la cuenta de la tarjeta de crédito, ya que las comisiones por estas disposiciones entran de lleno en la usura pura y dura.

Es la peor opción para obtener efectivo, al igual que lo es el disponer de efectivo en los viajes al extranjero ya que las comisiones vuelven a ser muy altas, salvo escasas excepciones como el caso de Citibank.

COMPRAS INTERNACIONALES

Cada vez que viajamos al exterior, las organizaciones de consumidores y usuarios suelen aconsejar que llevemos algo de efectivo en la divisa del país que vamos a visitar para realizar pequeños pagos, como consumiciones en cafeterías, o solventar imprevistos. Esta cantidad no debe ser excesiva, entre un 20% y un 30% del presupuesto general.

Para el resto, es mejor pagar con tarjetas de crédito o débito. Abonar las factura del hotel, la cuenta de un restaurante o alquilar un coche con el llamado ‘dinero de plástico’ es una fórmula sencilla y cómoda que, además, según apuntan los expertos, suele estar exenta de comisiones. Cierto, pero solo a medias.

Una comisión ‘invisible’
La compañía Transferwise, especializada en descifrar la letra pequeña que acompaña a todas las transferencias y pagos internacionales, denuncia que existe una comisión oculta denominada Conversión Dinámica de Monedas (DCC, según sus siglas en inglés), que se nos puede cobrar en cada operación con tarjeta si no estamos avispados.

Las entidades financieras definen la DCC como un servicio asociado a las tarjetas de crédito y débito que convierte las compras en otras divisas a la moneda local del titular, lo que le permitiría saber exactamente a cuanto asciende es el total de la compra en su moneda.

Sin embargo, lo cierto es que, como cualquier cambio de divisa, este servicio aparentemente inofensivo lleva asociada una comisión, según Transferwise. Por eso la compañía recomienda a los viajeros que, cuando paguen con tarjeta, elijan siempre pagar en moneda local para evitar la conversión y el consiguiente cargo.

En el extranjero siempre es conveniente realizar los pagos con las tarjetas de crédito o débito y llevar el efectivo desde casa para los pagos menores que no puedan realizarse con plástico.

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Curso de Defensa (Personal) frente a la Banca. por Israel Mármol se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
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