“Ni lo sé, ni me importa”.

Un libro sobre inversión excelente: “Your money and your brain” (no me consta que esté traducido al castellano), de Jason Zweig, que nos explica como muchos de los errores que cometemos al invertir son consecuencia de la configuración de nuestro cerebro resultado de la evolución del mismo y de cómo se han solapado los órganos que iban cumpliendo distintas funciones, necesarias en su momento para garantizar nuestra supervivencia, pero que ahora mismo suponen un lastre para las decisiones racionales que en ocasiones debemos tomar sin estar condicionados por los reflejos que permitieron a nuestros antepasados sobrevivir a los depredadores en la sabana.

Como editor y responsable de comentar (y actualizar datos confirmando las teorías) del libre o “El inversor inteligente“, de Benjamin Graham (considerado el mejor inversor de la historia, según la estrategia “value” que luego han seguido Warren Buffet, que lo calificó como el mejor libro de inversión jamás escrito, o Antonio García Paramés entre otros) también vuelca en su libro (Sobre el dinero y nuestro cerebro) teorías interesantes resultado de afirmaciones evidentes:

– la rentabilidad viene y va, pero las comisiones permanecen.

– tratar de predecir el comportamiento de acciones concretas, sectores, commodities, etc… es muy difícil, y mucho más para el inversor medio de a pie.

Por lo que propone una estrategia basada en el principio que da título a la entrada: “Ni lo sé ni me importa”. ¿Cual será el sector estrella de los próximos años?

“Ni lo sé ni me importa”

¿Qué empresas presentan mejores perspectivas de revalorización”

“Ni lo sé ni me importa”

Su argumento: fondos diversificados, si replican un índice representativo (el S&P 500, no el Dow Jones que aunque lo parezca no es en absoluto diversificado ni recoge empresas de todos los sectores, el Euro Stoxx 50, quizá una inversión más pequeña en el IBEX 50) mucho mejor porque:

– recogerán la rentabilidad de las empresas más importantes del mercado y de todos los sectores económicos. No cogeremos el próximo Google pero no nos arruinaremos con la próxima Terra.

– las comisiones tendrán un impacto (siempre negatiffo, nunca positiffo) menor que las de cualquier otro tipo de fondo (siempre que se elija bien, hay fondos de gestión pasiva que replican índices con comisiones absolutamente escandalosas para la gestión que implican) y tales comisiones

– de gestión.

– de “epilepsia”, se podrían llamar: las de excesivas operaciones si es que resulta que el gestor lleva una gestión realmente activa (epiléptica, realizando operaciones continuamente que benefician, sorpresa, sorpresa, a la depositaria del fondo que cobra por tales operaciones y siempre, siempre, es de la misma entidad financiera)

serán mucho más reducidas y no mermarán tanto la rentabilidad final.

Un argumento a favor de tal gestión pasiva: Sólo 37 de 1,161 fondos analizados por el Profesor Pablo Fernánez obtuvieron una rentabilidad superior a la del IBEX 35 en los últimos diez años. Y puede que haya trampa, aunque me extrañaría ya que el profesor Fernández es realmente profesional: la rentabilidad del IBEX, tomada de la revalorización del Índice, no considera la rentabilidad por dividendo, de modo que si tuviéramos que incluir la rentabilidad por dividendo en la del IBEX los 37 fondos se reducirían y me atrevo a aventurar que podríamos llevar a los gestores de los fondos que nos quedaran en una Renault Space de siete plazas.

(Con el atrevimiento de un casi irresponsable, he escrito al Profesor Fernández para preguntarle si ha considerado la rentabilidad por dividendo. Y la última vez que le escribí, me respondió)

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